Una necesidad:
Ojos en la nuca.
Y para disimular,
una redundancia:
Bigote sobre pelo.
Pero ¡Todo muy chic!
Eso sí.
La realidad se revela inquietante. Tenemos un doble que va con nosotros porque está en nosotros. Huimos de nosotros mismos recurriendo a lo mágico creyendo ascender y esa ascensión nos cansa, nos agota y no nos lleva a ninguna parte.